21 Ene

Decía Albert Ellis, el famoso psicólogo padre de la terapia cognitiva, que hay tres monstruos que nos impiden avanzar:

Tengo que hacerlo bien

Todos deben quererme

El mundo debe ser fácil

Estas afirmaciones interiorizadas en forma de creencias nos limitan, nos impiden avanzar. El poder de las creencias limitantes es inmenso, mucho más de lo que pudiera parecer al principio. Como saben los que inician una formación en coaching integral, en un proceso de coaching, la persona toma conciencia de aspectos de sí misma que desconocía, aprende sobre sí misma.

El coaching tiene un efecto cascada, una vez que desmontas una creencia limitante y te das cuenta de la influencia que esta tenía en tu manera de relacionarte, en tu toma de decisiones, en tu forma de trabajar… todo cambia.

Fruto de ese “darse cuenta” se te abren nuevas posibilidades de acción y si creas nuevos hábitos de acuerdo a creencias potenciadoras el cambio profundo es inevitable y perdura en el tiempo.

Tomemos una de ellas en este artículo, la creencia “tengo que hacerlo bien”, a menudo, aparece bajo la forma “tengo que hacerlo perfecto”.

Querer cumplir con nuestras obligaciones bien, es una tendencia natural. La cosa cambia cuando inconscientemente nos imponemos hacer las cosas perfectas, siempre. De modo que en vez de “querer hacer nuestras tareas bien” pasamos a “tener que” hacerlas “perfectas” “siempre”. Si detectas esta creencia en ti probablemente no estás disfrutando de lo que haces, ya sea en tu vida profesional o personal, ya que la presión por obtener estos resultados te impedirá disfrutar del camino, del proceso.

Otra desventaja de funcionar con esta creencia limitante es que cuando consigues alguno de tus objetivos, no te sientes muy contento, porque esta creencia no suele acompañarse del hábito de celebrar tus propios logros y esfuerzo. Sueles pensar que, al fin y al cabo, es lo que tenías que hacer.

Creencias limitantes como esta tienden a instalarse en la infancia, a veces por un exceso de presión externa y en otras ocasiones por todo lo contrario. La exigencia de un niño no entiende de flexibilidad ni de circunstancias. De este modo, crecemos con una creencia rígida que no admite cambios y que no nos cuestionamos.

Es impactante el cambio que experimenta una persona cuando se libera de ellas y comienza a vivir su vida de una forma mucho más ligera y, a menudo, productiva.

Si a ti también te complica la vida uno de los monstruos de los que hablaba Ellis anímate a hacer un proceso de coaching personal, ¡funciona!

 

María Ordax Abad

Equipo ECOI

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